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Economía de Estonia - Historia

Economía de Estonia - Historia

PIB (2005): $ 4.450 millones.
Tasa de crecimiento: 6,0%.
PIB per cápita: $ 1000.
Inflación (2005): 14%.
Desempleo (2002): 10,6%.

Presupuesto: Ingresos ................. $ 1.37 mil millones
Gasto ...... $ 1.37 mil millones

Cultivos principales: patatas, frutas, verduras; ganado y productos lácteos; pescado Recursos naturales: aceite de esquisto (kukersita), turba, fosforita, ámbar, arcilla azul cámbrica, piedra caliza, dolomita

Industrias principales: esquisto bituminoso, construcción naval, fosfatos, motores eléctricos, excavadoras, cemento, muebles, ropa, textiles, papel, zapatos, indumentaria.


Agricultura y Bosques

Hace solo un par de generaciones, la agricultura era la principal ocupación de los estonios. Hoy en día, solo alrededor del 3% de la fuerza laboral se dedica a la agricultura y el sector produce solo un poco más del 3% de la producción total y el 1,7 del PIB. Como resultado de las reformas económicas y de propiedad de principios de la década de 1990, las granjas colectivas y estatales de Estonia pasaron a la historia, dando paso a pequeñas granjas y asociaciones. El período de transición de la década de 1990 fue un momento difícil para la agricultura: la competencia con productos importados baratos se convirtió en un problema, las empresas necesitaban nuevos equipos y vehículos, pero no se podía encontrar dinero para ello. A finales de la década de 1990 se hizo imposible exportar a Rusia debido a sus crisis internas, aunque había sido el principal punto de venta de los productos agrícolas estonios durante la era soviética. La adhesión a la Unión Europea fue buena para la agricultura de Estonia, porque a partir de entonces fue posible vender productos alimenticios a otros países europeos, ya que ya no existían restricciones aduaneras ni de importación, y el mercado ruso también se abrió de nuevo. Los agricultores estonios comenzaron a recibir varias subvenciones que todavía son significativamente más pequeñas que en Europa occidental, aunque los costos de fabricación han aumentado casi al mismo nivel. Los últimos años han visto crecer las empresas agrícolas estonias. Las tecnologías modernas se utilizan cada vez más, no queda casi nada del antiguo sector manufacturero.

El ganado lechero, también los cerdos y las aves de corral son los principales animales de granja criados en Estonia. Los cultivos de campo incluyen cereales, patatas y hortalizas. Los productos vegetales son principalmente para uso interno, se importa una cantidad considerable de carne. Algunos productos lácteos y algunos productos específicos, p. Ej. bayas cultivadas y silvestres, setas, productos ecológicamente puros, etc., se destinan a la exportación. Las cifras de productividad de la agricultura de Estonia son superadas por las de muchos países con mejores condiciones climáticas, pero los productos locales contienen considerablemente menos productos químicos y la agricultura ecológica está ganando popularidad.

Silvicultura e industrias afines
El bosque es uno de los recursos naturales más importantes de Estonia y una fuente considerable de materia prima. Aunque solo el 1% de la fuerza laboral de Estonia se dedica a la silvicultura y la rama aporta algo más del 1% de la producción de Estonia, proporciona materia prima para las industrias de la madera, el papel y el mueble, que representan otro 6% de la producción total y que emplean a más más del 4,5% de la población activa.

La mayor parte de la producción de la silvicultura y las industrias conexas de Estonia se destina a la exportación, mientras que Estonia exporta cada vez más bienes de mayor valor. La producción y exportación de detalles de construcción de madera, muebles de madera y casas de madera ha aumentado constantemente. Los principales destinos de exportación son Finlandia, Suecia, Alemania, Noruega y Gran Bretaña. Las empresas madereras están ubicadas en toda Estonia, algunas de ellas en pequeñas ciudades o incluso en aldeas.


Estonia: historia del país y desarrollo económico

1561. Estonia está subyugada por las reformas de Suecia que mejoran la situación económica de los campesinos.

1721. Estonia es cedida a Rusia y Pedro el Grande.

1816. Las reformas rusas abolieron la servidumbre y los campesinos obtienen el derecho a comprar tierras. Crece el nacionalismo.

1905. Tras la primera revolución rusa, la prensa y la literatura modernas fomentan el nacionalismo.

1917. El zar ruso es derrocado por la segunda revolución rusa.

1918. El 24 de febrero se proclama una república democrática estonia independiente.

1920. El tratado de paz de Tartu entre la Rusia soviética y Estonia reconoce la soberanía de Estonia.

1921. La República de Estonia es reconocida por las potencias occidentales, convirtiéndose en miembro de la Liga de Naciones.

1934. Un golpe instaura un régimen autoritario.

Consumo de los hogares en términos de APP
País Todo comida Ropa y calzado Combustible y poder a Cuidado de la salud B Educación B Transporte & # x0026 Comunicaciones Otro
Estonia 41 7 24 8 4 9 7
Estados Unidos 13 9 9 4 6 8 51
Rusia 28 11 16 7 15 8 16
Letonia 30 5 16 6 23 11 10
Los datos representan el porcentaje de consumo en términos de PPA.
a Excluye la energía utilizada para el transporte.
b Incluye gastos gubernamentales y privados.
FUENTE: Banco Mundial. Indicadores del desarrollo mundial 2000.

1939. Estonia queda en la esfera soviética por un pacto de no agresión entre Alemania y la URSS.

1940. Los soviéticos invaden Estonia y el 6 de agosto el país se incorpora a la URSS.

1941. La Alemania nazi invade la URSS y ocupa Estonia hasta que es expulsada en 1944.

1945. Se restablece el dominio soviético y se reforma la economía según las líneas soviéticas.

1985. Con las reformas del presidente soviético Mikhail Gorbachev, Estonia avanza hacia la independencia.

1991. El gobierno comunista colapsa y la URSS reconoce la independencia de Estonia en septiembre.

1991. Estonia se convierte en miembro de las Naciones Unidas y adopta reformas para la democratización y la privatización.

1994. Rusia retira tropas de Estonia.

1995. Estonia se convierte en miembro asociado de la Unión Europea.

1998. Estonia inicia las negociaciones para ser miembro de pleno derecho de la Unión Europea.


Estonia Hechos importantes

  • Estonia, oficialmente llamada República de Estonia, es un país ubicado en el norte de Europa.
  • Estonia limita con el golfo de Finlandia al norte, el mar Báltico al oeste, Letonia al sur y Rusia al este.
  • Estonia anunció la restauración de la independencia el 20 de agosto de 1991.
  • Estonia tiene una superficie total de 45.227 kilómetros cuadrados (17.462 millas cuadradas).
  • El estonio es el idioma oficial de Estonia.
  • La moneda de Estonia se llama euro.
  • Estonia tenía una población total de 1,3 millones en 2016, según el Banco Mundial.
  • Con una población de solo 1,4 millones, Estonia es el miembro menos poblado de la Unión Europea.
  • La montaña más alta de Estonia es Sur Munamägi, que tiene una altura de 318 metros (1.043 pies).
  • Estonia se convirtió en el primer país del mundo en celebrar elecciones políticas en Internet en 2005.
  • Estonia se convirtió en el primer país del mundo en ofrecer residencia electrónica en 2014.
  • Los estudiantes de secundaria de Estonia ocuparon el tercer lugar en el mundo después de Singapur y Japón en la prueba PISA de 2015.
  • Estonia ocupó el tercer lugar en el Índice de Libertad de Prensa en 2007 y 2012.
  • Estonia es miembro de la Sociedad de Naciones desde el 22 de septiembre de 1921, las Naciones Unidas desde el 17 de septiembre de 1991, la Unión Europea desde el 1 de mayo de 2004 y la OTAN desde el 29 de marzo de 2004.

Cien años de la economía estonia

A principios del siglo XX, Estonia era una de las regiones más desarrolladas del Imperio Ruso. En comparación con el promedio imperial, Estonia contaba con el doble de trabajadores por cada 1.000 habitantes y una producción tres veces mayor.

Estonia fue el hogar de muchas grandes empresas que abastecían el mercado ruso, como Dvigatel, Krenholm Manufacturing Company y fábricas de celulosa, pero los verdaderos grandes industriales de la era que estaban destinados a restaurar la flota rusa, como el astillero ruso-báltico Bekker. & amp Co y Noblessner, todavía estaban en construcción o aún no se habían embarcado realmente en la construcción naval a gran escala.

La industrialización a pequeña escala y los lazos más débiles con Rusia fueron beneficiosos para Estonia, una vez que el país logró su independencia en 1918. Dejando a un lado a los gigantes de la industria metalúrgica parcialmente evacuados, el país se quedó con relativamente pocas empresas de producción totalmente superfluas. La mayoría de las grandes empresas textiles, celulósicas y madereras restantes continuaron operando incluso durante los años de la independencia, buscando mercados alternativos a Rusia con éxito variable. En cualquier caso, las industrias pequeñas y artesanales, que dominaban la economía, se centraban principalmente en el mercado interno.

Sin embargo, encontrar nuestros pies fue más fácil principalmente por el hecho de que no necesitábamos cambiar el funcionamiento básico de la economía y que Estonia era un país agrícola. Los agricultores habían sufrido significativamente debido a la requisa en tiempos de guerra, pero la vida les había enseñado a seguir trabajando sin importar nada.

Agricultura a la cabeza

La agricultura representó el 59% de la industria de Estonia, lo que la convirtió en el principal sector económico del período de entreguerras. Después de la guerra, la producción manufacturera creció del 15,7% al 17,4%. Se observó una pequeña disminución en el comercio y la industria de servicios nacionales. La importancia del trabajo relacionado con las actividades sociales (gobierno, cultura, etc.) aumentó del 5,6% al 6,5% debido a que Estonia se convirtió en un estado independiente.

La reforma agraria tuvo el mayor impacto de los cambios implementados. Antes de la reforma, 1.149 hogares grandes poseían más de 2,4 millones de hectáreas (58%) de tierra y 51.600 granjas privatizadas un poco menos de 1,8 millones de hectáreas, mientras que alrededor de medio millón de las 864.000 personas que vivían en zonas rurales y se ganaban la vida la agricultura no tenía tierra.

La reforma inició el despojo de más de 2,3 millones de hectáreas (5,7 millones de acres) de fincas señoriales y tierras estatales rusas. Como resultado, Estonia tenía más de 133.000 granjas de varios tamaños. Por ejemplo, había más de 20.000 granjas de una a cinco hectáreas (2,5 a 12,4 acres) y menos de 500 granjas de más de 100 hectáreas (247 acres).

La agricultura y la ganadería eran importantes en Estonia pero, según el año, la ganadería era entre un 10% y un 20% más rentable que el cultivo de cultivos.

La ganadería estuvo dominada por la ganadería, que generó más de la mitad de las ganancias obtenidas en esta área, seguida de la cría de cerdos con aproximadamente un 25%. Las ovejas y otros animales domésticos produjeron alrededor del 15% en total. A pesar de que había 218.000 caballos en Estonia en 1939, la cría de caballos representó solo alrededor del 2% de la producción animal.

La agricultura estaba dominada por el cultivo de cereales, que producía en promedio el 60% de los beneficios agrícolas. A esto le siguieron las patatas y el lino con un 10-12% cada uno. La horticultura contribuyó menos, solo del 4 al 6%, pero el área experimentó un rápido crecimiento.

El 72% de los productos agrícolas se consumió localmente y el resto se exportó. Sin embargo, esto representó más de la mitad de las exportaciones en 1938. Por el contrario, se importó mucho menos de los productos agrícolas consumidos localmente. A finales de la década de 1930 se establecieron instituciones como la Exportación de Carne de Estonia, la Exportación de Mantequilla de Estonia y la Exportación de Huevos de Estonia para consolidar las exportaciones de productos agrícolas.

Para adquirir los fondos necesarios para el desarrollo agrícola, se mejoró la tributación de las exportaciones e importaciones agrícolas, lo que permitió establecer el Fondo de Desarrollo Ganadero junto con el Fondo de Desarrollo Ganadero porcino en 1935.

Los principales socios comerciales de Estonia, el Reino Unido y Alemania en la década de 1930

Antes de la Segunda Guerra Mundial, las industrias grandes y medianas de Estonia empleaban a alrededor de 60.000 trabajadores, la mayoría en la industria textil, seguidas de metales e ingeniería, construcción, alimentos, bebidas y condimentos, madera y celulosa, ropa y artículos de lujo. Miles de personas estaban empleadas en la industria de minerales y productos químicos en rápido desarrollo, así como en canteras y minas. Solo 1.200 personas trabajaban en centrales eléctricas y suministro de gas y agua.

Además de las industrias grandes y medianas, Estonia tenía 20.000 pequeñas industrias artesanales que emplean una media de una o dos personas. Aunque los artesanos estaban activos en los mismos campos de actividad que las grandes industrias, este sector estaba abrumadoramente dominado por la industria del vestido, con 12.500 trabajadores.

El sector industrial gradualmente se centró más en el mercado interno y para el año financiero 1938-1939, más de las tres cuartas partes de su producción se destinó al mercado interno. Se incrementó el uso de materias primas nacionales. En 1936, constituía el 45% de los materiales utilizados, y dos años después, la proporción había alcanzado el 53%. En un mundo conflictivo y proteccionista, la autosuficiencia se había vuelto vital.

Aproximadamente la mitad del sector industrial era propiedad de empresas extranjeras. Esto era común en las industrias de textiles, papel, celulosa y cemento. La industria privada del petróleo de esquisto se estableció únicamente con la ayuda de capital extranjero. Los pasivos de las empresas que operan en Estonia con los bancos extranjeros eran de un orden de magnitud similar.

El gobierno también se involucró más en la industria y los negocios. La mayoría de las industrias de petróleo de esquisto, silvicultura y turba eran empresas estatales o semiestatales. El estado también asumió una responsabilidad significativa en la organización de la exportación de productos agrícolas y alimentos después de la Gran Depresión (una grave depresión económica mundial que tuvo lugar principalmente durante la década de 1930, con origen en los Estados Unidos - editor).

Los principales socios comerciales de Estonia fueron el Reino Unido y Alemania, que representaron más del 60% de las exportaciones estonias. Más del 5% de los productos exportados se destinaron a Finlandia, más del 4% a EE. UU., Suecia y Rusia, y el 3% a Francia. Alrededor del 1% de los bienes se exportaron a otros países objetivo.

Si bien las exportaciones de Estonia se concentraron principalmente en dos mercados, los países de origen de las mercancías importadas fueron algo más variados. La mayoría de los productos se importaron de Alemania (31%), seguida del Reino Unido (19%), Suecia (8,2%), EE. UU. (6,6%), Rusia (4,9%) y Finlandia (4,3%). También se importó una cantidad considerable de mercancías de las colonias británicas.

Transporte terrestre dominado por el ferrocarril

El transporte terrestre estuvo dominado por el ferrocarril de propiedad estatal. En 1939, la red ferroviaria constaba de 1.232 kilómetros (766 millas) de vía estándar y 909 kilómetros (565 millas) de vías de vía estrecha y apartaderos. En 1939, el ferrocarril empleaba a 5.044 funcionarios y 3.363 trabajadores. En el año financiero de 1938, el ferrocarril nacional generó beneficios considerables, contribuyendo con el 14,5% del presupuesto estatal de Estonia.

Estonia tenía 23.000 kilómetros (14.292 millas) de carreteras, 3.500 kilómetros (2.175 millas) de los cuales estaban abiertos al tráfico durante todo el año. En 1938, había menos de 6.000 coches en Estonia, 2.300 camiones y menos de 300 autobuses que daban servicio a 119 rutas en verano y 103 en invierno. En el mismo año, se realizaron 11,6 millones de viajes por ferrocarril en los 523 vagones en servicio. Se realizaron 5.633 viajes en furgonetas de mercancías, cada una de las cuales tenía una capacidad de carga superior a la de un camión medio, lo que supuso el transporte de 2,4 millones de toneladas métricas de mercancías.

El transporte marítimo fue otro ámbito importante. En 1938, el puerto de Tallin fue visitado por 1.764 barcos de larga distancia y 1.991 posavasos que transportaban un total de 836.000 toneladas métricas de mercancías y 105.000 pasajeros. Junto con Pärnu, Tartu y otros puertos más pequeños, se transportaron por mar alrededor de un millón de toneladas métricas de mercancías, lo que es comparable con los volúmenes transportados por ferrocarril si se consideran las distancias involucradas.

El registro marítimo de Estonia constaba de 221 buques, de los cuales 125 eran vapores. El más grande de ellos fue el SS Eestirand de 4.688 TRB.

El desarrollo del tráfico aéreo se vio interrumpido por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En 1939, el aeropuerto de Tallin gestionó 993 despegues, el 65% de los cuales tenían como destino Helsinki. El número anual de pasajeros aéreos fue de 13.300.

Una moneda estable después de 1927

La mayor parte de los ingresos del presupuesto del gobierno de Estonia provino de impuestos directos y (en su mayoría) indirectos. Los impuestos indirectos incluían derechos de aduana e impuestos especiales. Además, el estado recibió ingresos de su monopolio de bebidas espirituosas. Los impuestos directos incluían impuestos y gravámenes sobre la renta y las actividades comerciales. Aproximadamente un tercio del presupuesto del gobierno provino de activos y empresas estatales; aproximadamente la mitad provino del ferrocarril nacional y un quinto de los servicios telefónicos y telegráficos. El resto provino de bosques, tierras, puertos y aguas estatales y otros activos.

La mayor parte del presupuesto se gastó en actividad económica, aproximadamente la mitad de la cual se destinó a la gestión del tráfico y el transporte. El resto se destinó al desarrollo de la agricultura, la organización de la fiscalidad y las finanzas públicas y el fortalecimiento de la seguridad interna y externa. También se gastó mucho en educación pública y eventos culturales, seguridad social y bienestar, en la administración de justicia y en salud pública.

La moneda estonia sufrió varios cambios durante 20 años. Al comienzo de la Guerra de Independencia de Estonia, todas las monedas utilizadas anteriormente se usaban indistintamente: los Reichsmarks alemanes, los Ostmarks y los Ostrubles y el zarista, la Duma y los rublos Kerensky. Los tipos de cambio para estos habían sido establecidos por las autoridades alemanas durante la ocupación.

Dado que llevó tiempo organizar la impresión de dinero, el gobierno liberó marcos tomados prestados de Finlandia. Por lo tanto, el marco estonio estaba vinculado tanto a los marcos alemanes como a los finlandeses en el momento de su introducción, pero también a los valores de las monedas rusas, que no tenían un valor definido propio.

El estado continuó imprimiendo dinero para financiar la Guerra de Independencia de Estonia y, en consecuencia, el tipo de cambio del marco cayó rápidamente frente a la libra esterlina británica. A fines de 1921, había caído de los 60 marcos iniciales a la libra a 1523, y para fines de 1923 a 1758.

Dado que el tipo de cambio no era sostenible, Estonia tuvo que gastar las reservas de oro que recibió en virtud del Tratado de Paz de Tartu. Ya en 1924, quedó claro que el estado tenía que pedir prestado dinero para estabilizar la moneda. La reforma monetaria se implementó en 1927, después de lo cual la corona estonia (que reemplazó al marco en 1928) se mantuvo estable.

En comparación con otros países, el poder adquisitivo de los estonios era aproximadamente medio entre los países más desarrollados. Estados Unidos tenía cuatro veces más poder adquisitivo que Estonia, Canadá y Australia más de tres veces y Suecia, Dinamarca, el Reino Unido y los Países Bajos de dos a dos veces y media, Estonia se ubicó cerca de Italia. En términos de ingresos anuales medios de los trabajadores, los estonios estaban muy por delante de Polonia, Rusia y Europa sudoriental.

A los empleados de las grandes industrias les estaba yendo bastante bien. En 1939, un trabajador masculino promedio ganaba 95 coronas por mes, mientras que la mujer promedio ganaba 60 coronas por mes. La remuneración era inferior a la media en las denominadas industrias de la mujer: textiles y productos alimenticios.

Estas tarifas por hora son muy pequeñas y nos dicen poco. A modo de comparación, los precios de algunos productos alimenticios en 1940 eran: mantequilla 1,85–2,2 coronas / kg, leche 11–20 centavos / l, cerdo 0,95–1,05 coronas / kg, filete de bacalao 0,5 coronas / kg.

Las condiciones de vida cambiaron considerablemente en comparación con la era zarista (cuando Estonia estaba bajo el Imperio Ruso - editor). Los precios de los alimentos cayeron un 20%, una disminución similar también se pudo ver en los precios del correo y los servicios de transporte. La calefacción y la iluminación se abarataron aproximadamente un 30%. Por el contrario, la vivienda y la ropa se encarecieron y el precio del entretenimiento se duplicó con creces. A pesar de la grave crisis económica de principios de la década de 1930, la gente era aproximadamente un 20% más rica en general en 1938 que durante los mejores tiempos del período anterior a la guerra.

La ocupación soviética

El período desde 1940 hasta el otoño de 1944 no solo trajo represión, nacionalización de la propiedad, orientación de la economía estonia hacia el este, cambios en el paradigma socioeconómico y reemplazo de la libertad empresarial por la dictadura de la economía dirigida, sino también la erradicación de el sistema de coordinación y medición necesario para un funcionamiento eficaz y su sustitución por indicadores sin sentido que hacían que todas las estadísticas fueran poco fiables.

Aunque el país que emergió de la guerra en 1944 había cambiado por completo, seguía funcionando. Decidir qué hacer fue relativamente fácil, ya sea limpiar las ruinas o restaurar puentes y centrales eléctricas. Más tarde esto se volvió más difícil. Esto no se debió a la gestión del liderazgo ni a la falta de incentivos, sino a un problema básico de liderazgo que limitó esencial y consistentemente las posibilidades del gobierno central y provocó el colapso de todo el sistema económico administrado centralmente, dejándolo sin una pierna sobre la que apoyarse. .

Es elemental que un sistema muy grande y complicado no puede proporcionar una retroalimentación adecuada sobre todo. Esta es también la razón por la que cada detalle de un sistema de este tipo no se puede planificar y gestionar de forma centralizada. Por lo tanto, mientras la Unión Soviética (que ocupó Estonia en 1940 y luego nuevamente en 1944 - editor) produjo muchas cosas, las necesidades diarias y los productos finales de calidad razonable se volvieron escasos. Además de un problema de liderazgo técnico, la ausencia de precios reales hizo imposible la vida normal.

Aún así, el país no permaneció completamente a oscuras. Al mirar al otro lado de la frontera, se podía ver qué tenía que producirse y qué tecnologías y métodos organizativos deberían utilizarse. Sin embargo, lo que se vio solo se pudo copiar en parte, porque la planificación central y las deficiencias del sistema de medición seguían siendo un problema.

El trabajo se volvió cada vez más infructuoso, lo que hizo imposible pagar a los trabajadores salarios razonables y provocó una caída en su motivación. Al mismo tiempo, la gente se dio cuenta de que había algo fundamentalmente mal en todo el sistema.

Además de la economía dirigida, la carrera armamentista prohibitivamente cara (principalmente entre la Unión Soviética y los Estados Unidos - editor) jugó un papel en el colapso económico. Es completamente lógico que si el lado más pequeño y económicamente más débil intentaba mantener o lograr un equilibrio con Occidente en términos de armamento, tuviera que gastar mucho más de su menor presupuesto.

La pregunta no era solo sobre la proporción o el volumen de las finanzas, sino también sobre la calidad de los recursos. Por ejemplo, si se entregaba acero de alta calidad a la industria armamentista, era obvio que los tractores y el equipo agrícola, que estaban hechos del llamado acero agrícola y tenían que diseñarse con un factor de seguridad significativo, eran pesados ​​y se dañaban por completo. el tiempo.

La información objetiva de lo que sucedía en el campo económico en ese momento era complicada. Al principio, el establecimiento y el cumplimiento de metas individuales y fácilmente mensurables después de la guerra y más tarde a veces fue bastante exitoso, incluso cuando el sistema en su conjunto estaba estancado en neutral.

Con algunas excepciones, las ruinas desaparecieron de las ciudades en unos cinco años, un logro sin precedentes. Sin embargo, si miramos las cifras de producción, la economía de Estonia, pero no el nivel de vida, se había recuperado en los principales sectores industriales en 1950 a pesar de los importantes daños causados ​​por la guerra. Pero no hay datos fiables sobre el nivel de vida de las personas. Aún así, uno puede estar seguro de que su suerte no cambió durante ese período. Lejos de ahi. No había suficientes bienes ni dinero, y había que hacer cola para comprar las necesidades diarias. Además de todo, la gente tenía que gastar sus pequeños ingresos en bonos de préstamos estatales obligatorios.

La industria energética de Estonia abastece al noroeste de la Unión Soviética

En 1950, la fabricación se había convertido en la industria líder. La industria de la energía se había desarrollado particularmente rápido, es cierto que no para satisfacer las necesidades locales, sino principalmente para suministrar electricidad a Leningrado (ahora San Petersburgo, editor) y más tarde a la región noroeste de Rusia.

La producción de petróleo de esquisto en 1950 fue el doble que la de 1939 con 3,5 millones de toneladas métricas. Para cuando el comunismo debía apoderarse del mundo y de Estonia (en su discurso de 1961, el líder soviético Nikita Khrushchev prometió que "el comunismo se construirá en 1980", editor), el volumen de extracción de petróleo de esquisto había aumentado a 31,3 millones. toneladas metricas.

La producción de electricidad también estaba funcionando bien, la producción de 1950 fue aproximadamente tres veces más que en 1938, pero los cortes de energía de varias horas siguieron ocurriendo regularmente durante varios años. La producción de electricidad alcanzó su punto máximo en la década de 1980, momento en el que la producción fue 122 veces mayor que en 1938. Sin embargo, estos son solo algunos ejemplos de grandes logros.

Con la construcción de centrales eléctricas en el Báltico y en Estonia, esta última se convirtió en uno de los mayores productores de electricidad del noroeste de la Unión Soviética y ocupó el sexto lugar en el mundo en términos per cápita después de Finlandia. Este fue un gran logro si ignoramos los problemas ambientales. La Estonia ocupada por los soviéticos produjo 173 millones de metros cúbicos (6,1 millones de pies cúbicos) de gas derivado del carbón, que era 66 veces la cantidad producida antes de la guerra.

Los agricultores estonios sufren

Aunque identificar quién sufre más no pertenece al ámbito de la economía, hay que admitir que, después de la guerra, este título perteneció a los agricultores estonios. La vida rural durante la primera década de la posguerra se caracterizó por las deportaciones, la colectivización forzada y la obligación de cuidar la tierra con cada vez menos peones y sin mucha paga.

Es difícil medir lo que era más difícil para la gente de las zonas rurales: la tensión moral o física. Sin embargo, si miramos el proceso de colectivización, los agricultores no tenían miedo al trabajo, sino a las granjas colectivas. Antes de 1949 (desde 1949 en adelante, la Unión Soviética utilizó las deportaciones y otras tácticas para reprimir a las personas en las zonas rurales - editor), el estado había logrado atraer o asustar a solo el 5,8% de las granjas para que se unieran a las granjas colectivas, pero este número aumentó a 93% (119.000 granjas) durante los próximos dos años.

La vida rural fue muy difícil al principio. Había menos personas y caballos que en el período anterior a la guerra, y falta de tractores sin nuevos a la vista. Por tanto, es lógico que, a pesar del rápido aumento del número de tractores y cosechadoras a mediados de la década de 1950, la superficie cultivada alcanzó el nivel de 1940 sólo a finales de la década de 1970.

A pesar de todo, la agricultura se mecanizó por completo en 40 años. Mientras que en 1939 había 200.000 caballos, 1.807 tractores, 685 camiones y una cosechadora, a finales de la década de 1980 Estonia tenía más de 20.000 tractores de diferentes capacidades, más de 12.000 camiones y 3.500 cosechadoras grandes. Toda la actividad agrícola, excepto la siembra de papa, la mitad de la cual se realizó con métodos tradicionales heredados, fue en gran parte o completamente mecanizada.

Este período también dio a los agricultores estonios algo de valor duradero: el área de la red de drenaje se duplicó con creces.

La situación de la posguerra en la ganadería fue aún peor. La producción de carne de cerdo alcanzó el nivel de 1940 sólo después de 1957, mientras que la producción de carne de vacuno y de aves de corral alcanzó el nivel de antes de la guerra en 1959 y 1960, respectivamente. Con el tiempo, la producción se hizo más intensiva y en 1989 Estonia produjo tres veces más carne de cerdo, 3,5 veces más carne de venado y 14 veces más aves de corral que en 1940. Sin embargo, la producción de cordero no alcanzó en absoluto el nivel de 1940. A las ovejas no les gustaban los establos utilizados en las granjas colectivas y la producción de corderos disminuyó en más de la mitad, en comparación con 1940.

La producción de leche volvió a alcanzar el mismo nivel a finales de la década de 1960 y creció un poco más del 50% durante los siguientes 30 años. La producción media por vaca se duplicó con creces.

Los volúmenes de producción no fueron lo único que cambió en la ganadería. El ordeño automático era casi inaudito antes de la década de 1950 debido a la falta de electricidad, pero a finales de la década de 1960 el ordeño manual había cesado en las granjas estatales y, con cierto retraso, también en las granjas colectivas.

Bosques en crecimiento

Una industria en Estonia que claramente se benefició de la era soviética fue la silvicultura. En 1940, Estonia tenía 929.000 hectáreas (2,3 millones de acres) de tierras boscosas. 853.000 hectáreas (2,1 millones de acres) de esto estaban bajo bosques, cuyo volumen total era un poco más de 85 millones de metros cúbicos (tres mil millones de pies cúbicos). En la década de 1960, el área total de tierras boscosas había aumentado a 1.420.000 hectáreas (3,5 millones de acres) y al final de la ocupación soviética, Estonia tenía 1.916.000 hectáreas (4,7 millones de acres) de tierras boscosas y 1.814.000 hectáreas (4,5 millones de acres) de rodales forestales, con un volumen total de 260 millones de metros cúbicos (9,2 mil millones de pies cúbicos).

No se talaron mucho durante el período soviético: el rendimiento prescrito era considerablemente más bajo que el crecimiento anual. Vale la pena recordar la contribución que hizo esta oferta a la economía de Estonia en la década de 1990.

A pesar de la incapacidad de la industria automotriz de la Unión Soviética para mantenerse al día con la de los países desarrollados, el mayor cambio en Estonia se produjo en el desarrollo del transporte por carretera. El uso del transporte público en vehículos aumentó de forma masiva y los viajes se volvieron más cómodos. A fines de la década de 1980, había casi 8,000 kilómetros (4,971 millas) de caminos pavimentados.

Al mismo tiempo, el uso del transporte aéreo no aumentó tanto como cabría esperar. Después de todo, las personas no se sientan en los aviones sin una razón, y viajar en avión solo es útil si tiene un lugar para volar (el aeropuerto de Tallin fue servido por la aerolínea estatal soviética, Aeroflot, que vuela a varias ciudades de la Unión Soviética). solo - editor).

La reubicación de la economía de las zonas rurales a las ciudades, así como los daños causados ​​por la guerra, crearon una gran demanda de materiales de construcción y trabajadores de la construcción. Como resultado, el parque de viviendas de las ciudades y pueblos aumentó aproximadamente siete veces durante los 45 años de ocupación soviética, mientras que el área general promedio para un residente de la ciudad aumentó de 16 metros cuadrados (172 pies cuadrados) en 1940 a casi 20 metros cuadrados ( 215 pies cuadrados). A medida que la población rural disminuyó y las empresas agrícolas y los agricultores se hicieron más ricos, el área promedio por persona en las áreas rurales se hizo considerablemente mayor que en las ciudades: 26 metros cuadrados (280 pies cuadrados).

Fabricar la mayor fuente de ingresos

Al final de la ocupación soviética, la estructura de la economía y la situación laboral habían cambiado por completo. La agricultura, que había empleado a casi dos tercios de la población en 1940, se quedó con el 15% de los trabajadores, mientras que el 45% estaba empleado en sectores que ahora se consideran industriales internacionalmente: procesamiento, construcción, energía, etc. de la manufactura, una cuarta parte de la agricultura, el 6% del transporte y las comunicaciones y el 14% en total del comercio, la restauración, la vivienda, etc. La educación, la atención médica y la administración pública se consideraron gastadores más que generadores de ingresos nacionales. Este malentendido tiende a ser el caso incluso en la Estonia contemporánea.

La Estonia ocupada por los soviéticos exportó más mercancías que la Estonia independiente. Sin embargo, el contenido y la geografía de esto no se correspondía con lo que hoy consideramos exportaciones. Hasta el 93% de los bienes exportados se destinaron a otras partes de la Unión Soviética, según lo prescrito por la "división del trabajo entre las repúblicas unidas". El 7% restante se dividió de la siguiente manera: el 2% se exportó a países occidentales (la mitad a Finlandia y el resto a Alemania Occidental, Suecia, EE. UU., España, Italia y Portugal), el 2,5% a los estados satélites soviéticos en Europa y el resto a exóticos destinos lejanos como Cuba, Angola, Mongolia, Vietnam y Nicaragua.

En lo que respecta a las importaciones, Estonia se encontraba en una posición privilegiada: casi una quinta parte de sus productos importados provenían de fuera de la Unión Soviética. This meant high-quality factory equipment and better agricultural technology, but also highly valued clothing and (a minimal amount of) household appliances and drinks.

After the restoration of independence

After the collapse of the Soviet economy and the Soviet Union itself, Estonia once again found itself in a relatively good position. It was ahead of everyone else in the Soviet Union – not because it produced more than the other republics or because of state-of-the-art technology, but because Estonia was a place that Western countries often called the Soviet West.

By the late 1980s, Estonia had more foreign and joint enterprises (the reforms of Mikhail Gorbachev, the last Soviet leader, allowed private ownership from 1988 – editor) than the other republics the country had had more contact with foreigners, had a clearer understanding of the problems accumulated as a nation, and many of Estonians had always fostered a negative emotional connection with the whole “Russian business”. Estonia was therefore more decisive and motivated when it began to remove obstacles to development. It is no wonder that Estonia led the way in developing and implementing necessary economic reforms, getting an early head start over the others.

The Estonian Supreme Council adopted the first of the laws required to liberalise prices as early as December 1989. The end of price regulation made changing the taxation system both possible and necessary and laid the groundwork for free enterprise and the emergence of competition. Most of the required steps had to some extent already been taken before the collapse of the Soviet Union. The taxation system was entirely replaced, privately owned public and private limited companies began to emerge, and state enterprises were gradually privatised. It did not matter how elegant these new laws were. What mattered was that Estonians gained experience on which to build.

New economic model easy to choose

After the collapse of the Soviet system in 1991, choosing a new economic model was easy – because there was no choice. The only option was to undergo so-called shock therapy and opt for the simplest model available at the time, which was also somewhat painful. It is no use to argue over whether other models might have been better. Attempts to demonstrate that Estonia could have done better would remain speculative in any case. No simulation could provide a reliable vision of what could have happened here if Estonia had chosen an alternative model. At the same time, several things could have been achieved in a more reasonable manner and several mistakes could have been avoided, but only in principle. In reality, things went the way they did.

One guarantee of Estonia’s success was certainly the implementation of monetary reform before the parliamentary election in 1992. This helped eliminate hyperinflation, which was obstructing effective management, while the convertibility of the Estonian currency, the kroon, provided fertile ground for the development of foreign trade.

The biggest task facing the new government formed after the adoption of the constitution was the radical reform of ownership: auctioning off state-owned enterprises, restitution and the privatisation of housing stock and other assets in exchange for privatisation vouchers. Of these three components, restitution and its principles – such as leaving debts, money and securities out of the picture and determining the individualised form of assets – shook the tree the most.

However, the greatest problem, which remains a painful open wound for many people today, was that of forced tenancies (in the post-Soviet Estonia, many people who had got their homes in Soviet times found themselves in a position where they no longer owned their homes, as the property would be claimed by relatives of its erstwhile owners, so people found themselves tenants in their own homes, or, in worse cases, thrown out to the street). While the return to its rightful owner of once worthless land that had been transformed into valuable residential land over 50 years may be considered an unforeseen detail, even though the difference in values may have been astronomical, the problem of forced tenants was predictable. Nevertheless, this did not become a nationwide problem. The majority of people lived in new apartment buildings or private homes.

Privatisation also seems rather successful in hindsight, even though there are some who are convinced that the government could have held onto a considerably larger proportion of its industry. This is doubtful because, even though Estonia is able to produce, Estonians are not very good at selling.

The economy grew and Estonia became increasingly more integrated into the Northern and Western European economic space, joining the European Union in 2004 and the eurozone in 2011.

In hindsight, the nominal figures for economic growth seem unbelievable: in 1992, the GDP was less than €1 billion, against more than €22 billion in 2017. In real terms, growth in that period was naturally not that big, and remained somewhere near 500-600%.

Nevertheless, it is difficult to say how much life has improved, because needs have grown hand in hand with wages and prices. In any case, our life has been considerably more dynamic and wealthy in the last 25 years than in the interwar period (1918-1940).

The fact that Estonia does not have the same growth figures over the last 25 years as during the post-war period is irrelevant. Today, the country produces 78,000 metric tonnes of meat against 190,000 metric tonnes in 1989 783,000 metric tonnes of milk compared with 1,277,000 metric tonnes 200 million eggs against 600 million and less grain. However, there is more meat in the shops, the quality is better and the choice considerably wider.

The same can be said about residential construction. It is unlikely that Estonia will match the intensive level of flat-building seen during the mass construction of concrete-panel apartment buildings as before, nor as many large power stations and high-voltage power lines, or as much land improvement. Instead, we think about how to reduce electricity consumption even more, or how to increase the yield of milk from one cow to more than 8,000 kg.

Current production and consumption can no longer be compared with the 1989 levels. Development has been very fast. Today, we mainly produce and consume things that were unheard of 25 years ago or were of completely different quality and vice versa.

Today’s Estonia is a developed country

Estonia is no longer an agricultural country. Only 3% of the workforce is employed in agriculture, but their productivity is 20% higher than the country’s average. Yet Estonia is not an industrial country either, because only 28% of workers are employed in the processing industry, energy production, transport, communications etc. Most Estonians (69%) work in the tertiary sector, a figure that is certain to increase as a result of the digital revolution and the automatisation of all routine and physically demanding jobs in the next 25 years.

The Estonian economy is extremely open: many companies export their entire production and a very large proportion of consumer goods is imported. People tend to check the place of production only in the case of some foodstuffs. Estonia has close export and import ties with its neighbours, but on a smaller scale it trades with at least half the countries in the world. A notable quantity of goods comes from China alone.

Today’s Estonia is a developed country as the result of a quarter-century of work. Excluding small countries and territories with varying legal status, Estonia ranks 37th among the world’s wealthiest countries (the GDP and the PPP per capita out of 175 countries). Of countries that used to be wealthy in the 20th century, we have left Argentina, who was one of the richest countries in the first half of the 20th century, considerably far behind while countries that used to be poorer per capita such as Singapore, South Korea, Ireland, Taiwan and Hong Kong have gained considerable headway compared with Estonia.

It is difficult to say where Estonia belonged in the interim (during the Soviet occupation), because the measurement system was different. It was not rich but was still one of the wealthiest countries among those with a similar history. However, Estonia’s past position in economic prosperity rankings is not that important anyway. Most of us never wanted to live in such a country, be it rich or poor.

The road to Estonia’s 100th anniversary has not been smooth. The country’s economy experienced the first setback during the 1998 Russian financial crisis, when many of our producers lost their main market. Still, this loss was nothing compared with what happened during the global financial crisis the Estonian GDP fell from €19.1 billion in 2007 to €17.3 billion the following year and €13.7 billion in 2009 (2010 prices). However, the tables provided by Statistics Estonia do not yet indicate when Estonia’s GDP is forecast to reach pre-crisis levels again in constant prices. Although, it may be presumed that when the figures for 2017 have been calculated, this will have been achieved.

We do not need to worry about this: Estonia’s GDP in 2007 was simply a bubble that grew due to our inexperience or naiveté. The sustainable level would have been around €17 billion, and this has already been exceeded, in 2014.

This is a lightly edited and shortened version of the article originally published in Diplomaatia magazine. Cover: Estonian employees of kolkhoz Kalevipoeg on a trip to Muhu island in the 1970s (the image is illustrative).


Estonia consistently ranks as a world leader in human capital, digital capability, and ease of doing business. This creates a competitive environment which allows solutions and services to be researched, developed and delivered globally.

From multinational companies to high growth startups, Estonia has a two-decade track record of successful investments and innovations.

Estonians are high achievers from an early age. IT skills are taught extensively in primary school, and our students rank in the top 10 globally in science, mathematics and reading at the secondary school level.

The majority of our workforce is multilingual and value added is high, Estonia recently ranked 1st in Europe for entrepreneurial employee activity and competitiveness. The nation’s digital mindset makes our workforce highly adaptable.

Our workers also possess world class skills. In the Industrial sector we excel in engineering and electronics while in IT we are recognised leaders in software development, high-tech systems and cyber security.

Design, engineering and digital expertise are increasingly integrated, making Estonia a pioneer in the fields of IOT, Blockchain and telecommunications.

Estonia consistently ranks as one of the most open, competitive and transparent economies in the world. This success is due to a commitment to low red tape, the rule of law and significant investment in infrastructure and human capital.

Ultra-high IT usage across the economy creates significant efficiencies, real-time data and flexible, scalable business models.

Estonia’s R&D ecosystem and digital capabilities make it an innovation hotspot. Successful startups include TransferWise and Starship Technologies. Global giants like Ericsson, Arvato, and NATO all conduct R&D in Estonia. The Estonian government, a pioneer in smart grids and electric vehicles, has a successful R&D partnership with Telia in 5G telecommunication and Google in location technologies.

As a result of its two-decade commitment to IT, Estonia is the world’s most advanced digital society and recognised leader in digital skills, infrastructure and legislation.

We have unique capabilities in the research, development and application of software, high-tech systems, digital identity technologies and telecommunications. Our companies lead the world in blockchain, connected networks, and cleantech, and are at the cutting edge of IOT, big data, automation and real-time computing.

We are also the first country in the world to offer e-Residency, a government-issued digital identity and status that provides access to Estonia's advanced digital society, allowing to securely authenticate online and start and manage an Estonian company location-independent.

Estonia boasts a full digital ecosystem, world class cyber-security, and soon-to-be 5G infrastructure.

Homegrown successes like Fortumo, Guardtime and Skeleton Technologies mix with global giants like Microsoft, CGI and Fujitsu, to create dynamic environment ideal for investment and innovation.

Estonia is one of the most globalised economies in the world. Foreign ownership is high and output exported across all key sectors of the economy. As a full EU- and Eurozone member with a competitive economy, Estonia increasingly serves as a base for pan-European activity. A history rich in trade, now augmented by modern integrated supply chains, makes the country a preferred location for doing business with the Nordic region and Germany.

In the Industrial sector global giants like ABB and Ericsson export Estonian-produced products worldwide. In the IT sector over 130 countries utilise our solutions and we research, develop and support global software and systems 24/7 in multiple languages. As technology redefines business and borders, Estonia is the scalable location for the 21st Century.

solid investment track record

Estonia has an outstanding track record of delivering return on investment across all key sectors of the economy. Costs are competitive by European standards. Productive workers and ultra-high usage of IT ensure high added value. In the global business services, supply chain, and industrial sectors, our workers are recognised for their precision and ability to optimise processes.

We also have an excellent record of commercialising intellectual property in startups as well as in in-house R&D departments such as Ericsson, Telia and NATO. Estonia’s digital capabilities provide better and faster data for decision-making while our agile business environment and smart people allow business to flex easily.

With the most competitive tax code in the OECD and a government committed to maintaining a strong investment-grade credit rating, Estonia offers true sustainable financial attractiveness.


Estonia Economy - History

Economy - overview:
Estonia, a member of the EU since 2004 and the euro zone since 2011, has a modern market-based economy and one of the higher per capita income levels in Central Europe and the Baltic region, but its economy is highly dependent on trade, leaving it vulnerable to external shocks. Estonia's successive governments have pursued a free market, pro-business economic agenda, and sound fiscal policies that have resulted in balanced budgets and the lowest debt-to-GDP ratio in the EU.

The economy benefits from strong electronics and telecommunications sectors and strong trade ties with Finland, Sweden, Germany, and Russia. The economy’s 4.9% GDP growth in 2017 was the fastest in the past six years, leaving the Estonian economy in its best position since the financial crisis 10 years ago. For the first time in many years, labor productivity increased faster than labor costs in 2017. Inflation also rose in 2017 to 3.5% alongside increased global prices for food and energy, which make up a large share of Estonia’s consumption.

Estonia is challenged by a shortage of labor, both skilled and unskilled, although the government has amended its immigration law to allow easier hiring of highly qualified foreign workers, and wage growth that outpaces productivity gains. The government is also pursuing efforts to boost productivity growth with a focus on innovations that emphasize technology start-ups and e-commerce.

Agriculture - products:
grain, potatoes, vegetables livestock and dairy products fish

Industrias:
food, engineering, electronics, wood and wood products, textiles information technology, telecommunications


Key Facts & Information

INTRODUCCIÓN

  • Estonia is a lowland country, bordered by the Baltic Sea, Latvia, and Russia.
  • There are numerous lakes, rivers, and forests throughout this country.
  • The rivers flow into the sea in the Gulf of Finland as well as in the largest lake in Estonia, Lake Peipus.
  • Estonia’s capital city is Tallinn.
  • The neighbor countries of Estonia are Sweden, Finland, Russia, and Latvia.
  • Estonia is east from the Baltic Sea and northeast of the Baltic States.
  • Estonia became a part of the North Atlantic Treaty Organization (NATO) on March 29, 2004. Estonia joined the European Union on May 1, 2004.

HISTORY

  • Ancient Estonians resided on the shores of the Baltic Sea for thousands of years. They are one of the longest-settled folks on the continent of Europe.
  • They settled independently until the 1200s when they were conquered by many different empires including Denmark, Germany, Sweden, and Russia.
  • Estonia’s people who were dominated by other nations remained under the rule of other countries until after the first world war.
  • In 1918 Estonia was given independence and in 1920 they signed a peace treaty with Russia.
  • Sadly, when the second world war began Russian troops occupied Estonia, which turned the country into part of Russia.
  • In 1941 the German army took over. Then in 1944, the Russians took Estonia back again where they sent tens of thousands of Estonians to be deported to Siberia.
  • Eventually, after being oppressed for centuries, the Estonians and other Baltic countries joined together in a non-violent organization to bring about change.
  • They assembled together and sang their patriotic songs in public and started ‘The Singing Revolution’ in 1988.
  • This peaceful revolution directed them to their independence and helped them regain their freedom in 1991.
  • They became a democracy and one of the ten states to join the EU, the European Union.

ECONOMY

  • Estonia has farming, forestry, as well as fishing industries that make good use of the land and its resources.
  • The main crops are potatoes, barley, and hay. They also have cattle and pig farms too.
  • A large number of rivers, lakes, and surrounding seawater provide for fishing industries.
  • The timber in the forests can be felled and used to make paper, pulp, plywood, and other timber products.
  • These industries support many people working in Estonia.
  • The most significant mineral in Estonia is oil shale. Oil shale is a type of rock that can produce petroleum products.
  • Estonia also has reserves of peat, phosphorus, limestone, dolomite, marl, and clay.
  • Public transport is free. There are 3 ports near Tallinn and 1 inland port at Narva. The state of Estonia runs the shipping company and the state airlines.
  • The currency used in Estonia is the Kroon, but recently the country has started using the Euro as well.

CULTURE

  • People in Estonia love singing and music. They have a song celebration that dates way to 1869 when they held the first festival. Currently, the festival held every five years, which is one of the largest choral events in the world.
  • Most people speak Estonian or Russian. The people who live on the island of Muchu have their own dialect and a culture that is closer to Scandinavia.
  • Estonians are not very religious. Most of them are atheists. The people who do go to church are frequently Christians or Lutheran and some from Eastern Orthodox communities.

TRIVIAS

  • Estonians enjoy a non-Olympic sport named ‘wife carrying.’ They won the wife carrying championships for 11 consecutive years, between 1998 and 2008.
  • Estonia is one of the cleanest places to breathe on earth with 50% of the country being forests and 22% being agricultural land.
  • Estonia is defined as the most internet-focused country in Europe – you can still get the internet in the middle of the forests!
  • Estonia has the greatest collection of folk songs in the world – 133,000 altogether. Estonians love singing.

Estonia Worksheets

This is a fantastic bundle which includes everything you need to know about the Estonia across 20 in-depth pages. Estos son ready-to-use Estonia worksheets that are perfect for teaching students about the Estonia which is a country in Northern Europe, officially known as The Republic of Estonia. It has a great deal of water surrounding it and consists of many islands as well as the mainland.

Complete List Of Included Worksheets

  • Estonia Facts
  • Estonia FB Page
  • Estonia Economy
  • Estonia Learnings
  • Counties of Estonia
  • Geographical Facts
  • Timeline of Estonia
  • Los conquistadores
  • Famous People
  • Incredible Facts
  • Estonia Collage

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Soviet Era

The period from 1940 to the autumn of 1944 not only brought repression, nationalisation of property, orientation of the Estonian economy towards the east, changes in the socioeconomic paradigm and replacement of entrepreneurial freedom with the dictatorship of the command economy, but also the eradication of the system of coordination and measurement needed for effective operation and its replacement with meaningless indicators that made all statistics unreliable.
Even though the country that emerged from the war in 1944 had changed completely, it was still working. Deciding what to do was relatively easy, be it the clearing of ruins or restoring bridges and power stations. Later this became more difficult. This was not due to leadership management or a lack of incentive, but a basic problem of leadership that essentially and consistently limited the possibilities of central government and brought about the collapse of the entire centrally managed economic system, leaving it without a leg to stand on.
It is elementary that a very large and complicated system cannot provide adequate feedback on everything. This is also why every detail of such a system cannot be centrally planned and managed. Hence, while the Soviet Union produced many things, the daily necessities and end products of reasonable quality became scarce. In addition to a problem of technical leadership, normal life was made impossible by the absence of real pricing.
Still, the country did not remain entirely in the dark. By looking across the border one could see what had to be produced and which technologies and organisational methods should be used. However, what was seen could only be copied in part, because central planning and the shortcomings of the system of measurement remained an issue.
Work became increasingly unfruitful, which made it impossible to pay workers reasonable wages and led to a drop in their motivation. At the same time, people realised that there was something fundamentally wrong with the whole system.
In addition to the command economy, the prohibitively expensive arms race played a part in the economic collapse. It is entirely logical that if the smaller and economically weaker side tried to maintain or achieve a balance with the West in terms of armament, it had to spend a lot more from its smaller budget.
The question was not only about the proportion or volume of finances, but also about the quality of resources. For instance, if high-quality steel was given to the arms industry, it was obvious that tractors and agricultural equipment, which were made of so-called agricultural steel and had to be designed with a significant safety factor, were heavy and broke down all the time.
Objective reporting of what went on in the economic field at this time was complicated. At first, setting and meeting individual and easily measurable goals after the war and later was sometimes quite successful, even when the system as a whole was stuck in neutral.
With a few exceptions, ruins disappeared from cities in about five years—an unparalleled achievement. However, if we look at production figures, the Estonian economy—but not living standards—had recovered in the main industrial sectors by 1950 in spite of major war damage. But there is no reliable data about people’s living standards. Still, one can be certain that their luck did not change during that period. Lejos de ahi. There were not enough goods or money, and one had to stand in a queue to buy daily necessities. On top of it all, people had to spend their small incomes on mandatory state loan bonds.
By 1950, manufacturing had become the leading industry. The energy industry had developed particularly fast—admittedly, not to meet local needs, but mainly to supply Leningrad and later the north-western region with electricity.
Shale-oil output in 1950 was double that of 1939 at 3.5 million tonnes. By the time communism was due to take hold of the world and Estonia, 1 the volume of shale-oil mining had grown to 31.3 million tonnes. Electricity production was also doing well output for 1950 was 435 million kWh compared to 155 million in 1938, but power cuts of several hours remained a regular occurrence for a number of years. Electricity production peaked at 18,898 million kWh in the 1980s, by which time production was 122 times greater than in 1938. However, these are only a few examples of great accomplishments.
With the construction of power stations around the Baltic and in Estonia, the latter became one of the largest electricity producers in the north-western Soviet Union and was ranked sixth in the world in per capita terms after Finland. This was a great achievement if we ignore environmental issues. Soviet Estonia produced 173 million cubic metres of coal-derived gas, which was 66 times the amount produced before the war.
Even though identifying who suffers most does not belong to the realm of economics, it must be admitted that, after the war, this title belonged to Estonian farmers. Rural life during the first decade after the war was characterised by deportations, forced collectivisation and the obligation to till the land with ever fewer farmhands and without much pay.
It is difficult to measure which was more difficult for the people in rural areas: the moral or physical strain. However, if we look at the process of collectivisation, it is clear that farmers were not afraid of work, but of collective farms. Before 1949, the state had managed to lure or scare only 5.8% of farms into joining collective farms, but this number grew to 93% (119,000 farms) over the next two years.
Rural life was very difficult at first. There were fewer people and horses than in the pre-war period, and a lack of tractors with no new ones in sight. It is only therefore logical that, despite the rapid increase in the number of tractors and combine harvesters in the mid-1950s, the area under cultivation reached the level of 1940 only in the late 1970s.
In spite of everything, agriculture became completely mechanised in 40 years. While in 1939 there were 200,000 horses, 1,807 tractors, 685 lorries and one combine harvester, by the end of the 1980s Estonia had more than 20,000 tractors of different capacities, more than 12,000 lorries and 3,500 large combine harvesters. All agricultural activity except potato planting—half of which was done using handed-down traditional methods—were either largely or completely mechanised.
Crop yield was what it was. Even though the average grain yield had increased up to threefold, in both the 1950s and late 1980s Estonia still yielded between half and two-thirds less than intensive-production countries (the Netherlands, Denmark and West Germany), depending on the crop. At the same time, Estonia’s yield was considerably higher than that of countries that used the extensive production model (the US, Canada and the USSR). The situation was the same for potato cultivation: it did not matter whether Estonia’s yield was 10 or 19 t/ha, as this was still half what was produced by the world’s best (the Netherlands or West Germany).
Still, this period gave our farmers something of lasting value: the drainage network area increased from 274,000 to 696,000 hectares.
The post-war situation in cattle farming was even worse. Pork production reached the 1940 level of 41,000 tonnes only after 1957, while production of beef and of poultry reached 22,600 tonnes in 1959 and 1960 respectively. In time, production became more intensive and in 1989, Estonia produced three times more pork, 3.5 times more venison and 14 times more poultry than in 1940 (25,400 tonnes against 1,800). However, mutton production did not reach the 1940 level at all. Sheep were not fond of the barns used on collective farms and mutton production decreased by more than half compared to the 6,500 tonnes of 1940.
Milk production again reached 800,000 tonnes by the end of the 1960s and grew to 1,277,000 tonnes over the next 30 years. Average production per cow increased from 2,000 litres to more than 4,000.
Production volumes were not the only things that changed in cattle farming. Automatic milking was almost unheard of before the 1950s due to the lack of electricity, but by the end of the 1960s manual milking had ceased on state farms and, with some delay, on collective farms as well.
One industry in Estonia that clearly benefited from the Soviet era was forestry. In 1940, Estonia had 929,000 ha of forested land. 853,000 ha of this was under forest stands, the total volume of which was a little over 85 million cubic metres. By the 1960s, the total area of forested land had grown to 1,420,000 hectares and at the end of the Soviet period, Estonia had 1,916,000 hectares of forested land and 1,814,000 hectares of forest stands, with a total volume of 260 million cubic metres. Not much was felled during the Soviet period: the prescribed yield was considerably lower than annual growth—only 1.3–1.5% in the last 15 years. The contribution this supply made to the Estonian economy in the 1990s is worth remembering.
Despite the inability of the Soviet Union’s automotive industry to keep up with that of developed countries, the greatest change in Estonia occurred in the development of motor transport. While the number of railway passengers doubled in 45 years (reaching 23 million journeys) and the carriage of goods by rail increased eightfold (reaching 30 million tonnes), the use of public vehicle transport increased by a factor of 1,700 in the case of carriage of passengers (407 million passengers) and 400 in the case of carriage of goods (781 million tonnes). Travelling became more comfortable. By the late 1980s, there were 7,670 km of paved roads.
At the same time, the use of air transport did not increase as much as one might have expected—by a factor of 131. After all, people do not sit on planes without a reason, and air travel is only useful if you have somewhere to fly.
The relocation of the economy from rural areas to cities, as well as war damage, created great demand for building materials and construction workers. As a result, the housing stock of cities and towns increased about sevenfold in the course of 45 years, while the average general area for one city resident increased from 16 m 2 in 1940 to almost 20 m 2 . As the rural population decreased and agricultural companies and farmers became wealthier, the average area per person in rural areas became considerably larger than in cities—26 m 2 .
By the end of the Soviet era, the structure of the economy and labour status had completely changed. Agriculture, which had employed nearly two-thirds of the population in 1940, was left with 15% of workers while 45% were employed in sectors that are now internationally regarded as industrial: processing, construction, energy, etc. Half of national income came from manufacturing, a quarter from agriculture, 6% from transport and communications and 14% in total from trade, catering, housing, etc. Education, healthcare and public administration were considered spenders rather than generators of national income. This misunderstanding tends to be the case even in contemporary Estonia.
The Estonian Soviet Socialist Republic exported more of its goods than the Republic of Estonia. However, the content and geography of this did not correspond to what we regard as exports today. As much as 93% of exported goods went to other parts of the Soviet Union, as prescribed by the “division of labour between the union republics”. The remaining 7% was divided as follows: 2% was exported to Western countries (half of it to Finland and the rest to West Germany, Sweden, the US, Spain, Italy and Portugal) 2.5% to socialist countries in Europe and the rest to exotic distant destinations such as Cuba, Angola, Mongolia, Vietnam and Nicaragua.
When it came to imports, Estonia found itself in a privileged position—nearly one-fifth of its imported goods came from outside the Soviet Union. This meant high-quality factory equipment and better agricultural technology, but also highly valued clothing and (a minimal amount of) household appliances and drinks.


Estonia Economy - History

Economic Changes For The Baltic Sea States

World War II and Baltic Sea State Economies

The Baltic Sea countries have served as an economic powerhouse in Europe since the Middle Ages. Economists frequently discuss the synergistic effect that each country in this area has in supporting the economy of one another to create this powerhouse effect. The economy in the Baltic Sea countries has faced many pressures over the years in the midst of World War II and control under the Soviet Union.

From 1940 to 1953, the economies of states like Estonia, Latvia, Lithuania, Poland and other Baltic Sea States were impacted by the control of the Soviet Union regime. Many workers were lost due to the deportations that the Soviet Union forced, such as the deportation of over 200,000 individuals to remote areas of the Soviet Union.

In 1941, the Nazis of Germany then invaded the Baltic Sea States and interrupted the control that the Soviet Union had over these states. The harm that was done to workers and the Baltic Sea citizens was intensified under the Nazi regime. There were thousands of people deported and killed in the masses as a result of the invasion of the Nazis.

A good way of making economies is saving money on car insurance. Many people who own classic cars only drive them for a few days at a time so short term car insurance can give real savings. UK motorists can insure their classic vehicles for as little as one single day click here to visit the website.

Under the Nazi regime, the Baltic Sea States were forced to create a national collectivist agricultural industry that supported Germany. The private farms of farmers were taken away to serve this collectivist notion.

Present Day Baltic Sea State Economies

Today, the economies of the Baltic Sea States can be divided into two groups according to income. The high-income states of the Baltic Sea region are Finland, Denmark, Norway, Sweden and Germany. The low-income states of the Baltic Sea region are Latvia, Lithuania, Estonia, Russia and Poland. The latter countries are now considered to have economies that are in the post-socialist stage and are contributing to the European economy as a whole.

The Baltic States are now part of the European Union (EU) and North Atlantic Treaty Organisation (NATO) today. Being part of these organizations have helped the Baltic States to integrate into European culture and the global economy. Baltic States like Lithuania, Latvia and Estonia are no longer dependent on Russia as they once were in their socialist stages.

The regional integration of the Baltic Sea States also now attracts investors from all around the world. The integration of the Baltic Sea States also has a profound impact on the individual economies of each state. For example, lower-income Baltic States like Lithuania, Estonia and Latvia are now able to gain access to sophisticated investors and consumers from around the world. They now have the opportunity to become players in an expansive market. The higher-income countries now have the opportunity to gain greater access to global markets and can also engage in specialization of their products.

As the Baltic Sea States continue to work to become stronger members of the European Union, the regional economy will only continue to strengthen in the future. Lower-income countries in the Baltic Sea region will benefit as a result.